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De manera simultánea, las políticas que más recortes han sufrido en los países industrializados que se han "convertido" al neoliberalismo han sido precisamente las que se calificaron de "amigas de las mujeres", que representan un incremento importante del trabajo doméstico en horas de atención y cuidado "privatizadas" porque quieren mantener la calidad de vida de los miembros del hogar invirtiendo más tiempo en la transformación de productos menos elaborados y por lo tanto de precio más bajo.
Las pautas de restricción del consumo derivadas de la disminución del poder adquisitivo afectan principalmente a las mujeres, restringen su tiempo y contribuyen a desanimarlas para entrar en el mercado de trabajo remunerado, especialmente a tiempo completo. El hecho de que la mujer acuda a trabajos parciales como complemento de la renta familiar subordina explícitamente el sueldo de la mujer, condiciona su trabajo fuera del hogar a "contingencias" económicas al margen de su propia libertad o voluntad y la condena a la dependencia económica, ya que la remuneración que percibe está por debajo de lo que es necesario para una vida independiente... y más si ha de cuidar uno o más hijos o hijas.
El impacto de la globalización sobre mujeres de países concretos ha llegado a puntos dramáticos.
Según el informe de las Naciones Unidas de 1995 Las mujeres del mundo, "el modelo esperado de mortalidad infantil (entre 1 y 4 años) a partir del que se puede observar en los países desarrollados, es también un modelo de menor mortalidad para las niñas que para los niños -sobre unas 8 niñas por cada 10 niños en cada grupo de edad, es decir, un índice de 0,8. Al mismo tiempo, en 17 de los 38 países en vías de desarrollo donde hay datos disponibles, estos datos nos dicen lo contrario: hay una mortalidad más alta de las niñas. Especialmente los índices más altos se dan en el nordeste del Brasil, Camerún y Togo (1,2), Egipto (1,4) y Pakistán (1,6)". La discriminación representa la desaparición de más de un millón de mujeres del mundo.
Por su parte, el premio Nobel de economía Amartya Sen, basándose en la proporción de hombres y mujeres vivos de 106 mujeres por cada 100 hombres donde las atenciones a las personas de los dos sexos son más igualitarias, calculó que en China las mujeres que se podrían considerar "desaparecidas" llegarían a los 49 millones, y para el conjunto del Asia meridional, suboriental y occidental y de África septentrional las mujeres "desaparecidas" llegarían a los 100 millones.
Como se decía en la Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo de El Cairo en 1994, "las prácticas de selección prenatal del sexo y las altas tasas de mortalidad de las niñas sugieren que las preferencias por un hijo varón recortan el acceso de las niñas a la alimentación, la educación y los servicios de salud, así como a derechos de herencia equitativos."
Pero tampoco las madres se escapan de la depredación: la mortalidad materna es 12 veces más alta en los países del Sur que los países del Norte. Igualmente, se ha podido demostrar la correlación existente entre la mutilación de los genitales femeninos y la difusión de infecciones y otras enfermedades. Por ejemplo, un estudio realizado a 300 mujeres mogadishu demostró que el 40% de estas mujeres tenían complicaciones de salud a largo término.
El aumento de la pobreza y la disminución de mujeres en las poblaciones adultas de ciertas regiones está provocando que en regiones donde era práctica común y aceptada la poligamia se extienda ahora la poliandria, con el correspondiente aumento de la carga de trabajo y explotación sexual y doméstica de las mujeres.
A manera de punto y seguido
Quedan mucho elementos por denunciar y cuantificar, como son: las características que ha tomado la emigración en los últimos años, con el aumento considerable de las mujeres; la prostitución, que también ha "globalizado" las mafias de trata de blancas; la pérdida de acceso a la propiedad en los países pobres.
Pero las mujeres no se rinden y plantan cara como pueden a la depredación capitalista: como el movimiento xipko del Nepal, con la lucha de las mujeres abrazadas a los árboles para evitar la deforestación de su tierra, con las cooperativas de mujeres africanas para conseguir una agricultura de subsistencia y con su resistencia en la India frente a las multinacionales japonesas y norteamericanas que se apoderan de los conocimientos tradicionales, como explica Vandana Shiva.
La riqueza de respuestas ha hecho que los movimientos feministas occidentales se hayan visto en la necesidad de replantearse y abrir algunos de sus esquemas por la manera de cómo conducen su lucha emancipadora mujeres de otras culturas, de la misma manera de cómo las perspectivas ecológicas se están enriqueciendo con las aportaciones ecofeministas. Asimismo, uno de los puntos de confluencia más destacados es la crítica del crecimiento económico a cualquier precio tal como preconizan las doctrinas de la globalización, el engaño y la parcialidad de su medida en el PIB, que ignora la imprescindible aportación de todos los trabajadores no mercantiles y el impacto del modelo depredador sobre la naturaleza, y su coste en coacción, marginación, desesperanza, e incluso vidas humanas.