La actividad que realizan está vinculada fundamentalmente al sector textil y en muchas ocasiones no se elaboran los productos completos, sino algunos componentes cuyo valor final añadido es muy pequeño.
Son un producto de los procesos de globalización económica y al no ser fenómenos locales deben ser combatidos desde los foros sindicales internacionales de forma que puedan prestar apoyo a las afectadas sin que vean peligrar sus derechos sindicales e incluso su integridad física.
Las personas que trabajan en maquilas son fundamentalmente mujeres, hasta un 83 por ciento, con cargas familiares y con poco tiempo para actividades extradomésticas y extralaborales, el 56,2 por ciento solteras o separadas y el 67,7 por ciento tienen al menos un hijo, de éstas el 27 por ciento son madres solas. Estas mujeres se enfrentan a condiciones laborales durísimas que se concretan en jornadas abusivas, despidos arbitrarios, mal trato, problemas de salud por falta de medidas sanitarias.
A pesar de las extremas condiciones a que se ven sometidas las mujeres maquiladoras, desde 1992 es el sector que presenta mayor conflictividad laboral, habiendo presentado numerosas demandas en la Procuraduría de Trabajo, aunque en gran parte de los casos los fallos sean favorables a las empresas.