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La misoginia

Aristóteles, Pitágoras, Voltaire, Baudalaire, Balzac, Wilde o Nietzsche, todos ellos tienen una cosa en común a pesar de haber vivido en épocas completamente diferentes. En su opinión, la mujer es, como diría Erasmo de Rótterdam, "un animal inepto y estúpido aunque agradable y gracioso". Un planteamiento que sigue dándose en nuestros días, aunque en menor medida, dado que actualmente no es considerado un pensamiento acorde con los tiempos que corren y por el que la mayoría de la sociedad muestra un claro rechazo.

PILAR MUÑOZ / UNO CONTENIDOS
Voltaire y Nietzsche
Dos misóginos: Voltaire y Nietzsche.
"Hay un principio bueno, que ha creado el orden, la luz y el hombre, y un principio malo, que ha creado el caos, las tinieblas y la mujer" dijo en su día Pitágoras. Tal vez en su época no fueran palabras tan raras, como tampoco debió extrañarse nadie cuando en pleno siglo XX el escritor francés André Maurois afirmó que "las mujeres son como los caballos: hay que hablarles antes de ponerles las bridas" o cuando Francisco de Quevedo exclamó con su habitual sentido del humor: "¡Oh, qué plaga, qué aburrimiento, qué tedio es tener que tratarse con ellas mayor tiempo que los breves instantes en que son buenas para el placer!".

Al igual que han cambiado las actitudes racistas, también lo han hecho las sexistas. En la actualidad podríamos hablar de un "sexismo moderno" que se materializaría en la negación de la discriminación que padecen las mujeres, en el antagonismo hacia las demandas de las mujeres o en la falta de apoyo a las políticas diseñadas para ayudarlas. Nos encontramos, por tanto, frente a un "nuevo sexismo" que incluye tanto el sexismo hostil tradicional como el sexismo más sutil o benévolo.

El sexismo hostil coincidiría básicamente con el "viejo sexismo", esto es, sería una actitud negativa basada en la supuesta inferioridad de las mujeres como grupo que se articularía en torno a las ideas siguientes: un paternalismo dominador, esto es, entender que las mujeres son más débiles, son inferiores a los hombres y ello da legitimidad a la figura dominante masculina; una diferenciación de género competitiva, es decir, considerar que las mujeres son diferentes a los hombres y no poseen las características necesarias para triunfar en el ámbito público, siendo el ámbito privado el medio en el que deben permanecer; y una hostilidad heterosexual, o lo que es lo mismo, considerar que las mujeres tienen un poder sexual que las hace peligrosas y manipuladoras para los hombres.

En cuanto al sexismo benévolo, éste podría ser definido como un conjunto de actitudes interrelacionadas hacia las mujeres que son sexistas en cuanto las consideran de forma estereotipada y limitadas a ciertos roles, aunque pueden tener un cierto tono afectivo menos negativo en el perceptor. Los componentes básicos del sexismo benévolo son: un paternalismo protector, esto es, considerar que el hombre cuida y protege a la mujer como un padre; la diferenciación de género complementaria, es decir, considerar que las mujeres tienen por naturaleza muchas características positivas que complementan las características que tienen los hombres; y la intimidad heterosexual, o lo que es lo mismo, considerar la dependencia diádica de los hombres respecto de las mujeres.

Esta visión del concepto de sexismo y, especialmente, la descripción de lo que se ha dado en llamar "sexismo hostil" está cercana al concepto de misoginia. El término misoginia está formado por la raíz griega "miseo", que significa odiar, y "gyne" cuya traducción sería mujer, y se refiere al odio, rechazo, aversión y desprecio de los hombres hacia las mujeres y, en general, hacia todo lo relacionado con lo femenino. Ese odio ha tenido frecuentemente una continuidad en opiniones o creencias negativas sobre la mujer y lo femenino y en conductas negativas hacia ellas.

Por tanto, cuando hablamos de misoginia nos estamos refiriendo a una actitud que tiene claros puntos de contacto con lo que se ha denominado sexismo tradicional u hostil. En la actualidad, sin embargo, hay algunos expertos que apuntan que las actitudes y creencias misóginas podrían ser un factor explicativo importante en los casos de violencia de género, es decir, en la violencia doméstica, las agresiones sexuales y el acoso sexual. En el caso de la violencia doméstica, por ejemplo, las actitudes y creencias misóginas podrían ser un elemento común y característicamente diferenciador de los maltratadores. Se trataría de hombres tradicionalistas, que creen en los roles sexuales estereotipados, es decir, en la supremacía del hombre y en la inferioridad de la mujer. Consecuentemente con lo anterior, creen que, como hombres, tienen el poder dentro del sistema familiar y desean mantenerlo, usando para ello la violencia física, la agresión sexual, etc.

Y también relacionado con su modo de entender el estereotipo masculino, creen que la mujer no es una persona, sino un ser inferior, una "cosa" a la que tienen que manejar y controlar. Como parte de ese control aparecerían los celos, el aislamiento social de su pareja, el mantenerla en una situación de dependencia. En definitiva, la misoginia entendida como una postura pasiva frente a la mujer, que es la que practicaban ciertos escritores y filósofos en otras épocas, se ha convertido en la actualidad en una postura activa y violenta, y eso lo realmente preocupante en sí.