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La evolución de las mujeres saharauis

Las posiciones de las mujeres en el mundo islámico han sido objeto de múltiples estudios, que por lo general, denuncian la discriminación social reflejada en el enclaustramiento, el uso obligatorio del velo, la delimitación de ámbitos separados para hombres y mujeres y en muchos casos, en las mutilaciones sexuales. En la zona sahariana conviven respecto de las mujeres, dos cuerpos de tradiciones: la árabe y la beréber, ambas musulmanas, pero allí las relaciones de género son más igualitarias que en otras partes del mundo islámico e incluso mejores que en muchas sociedades tradicionales del mundo occidental.

PILAR MORALES / PAZ Y SOLIDARIDAD
Mujer saharaui
Las mujeres saharauis reivindican el acceso a la estructura política.
La evolución de las mujeres saharauis parte de una sociedad tradicional en la que habían conseguido ámbitos importantes de autonomía y de reconocimiento, hasta la situación actual en los campamentos de refugiados, donde la asunción de importantes responsabilidades sociales por parte de las mujeres, va acompañada de peso político y reconocimiento público.

En el nuevo Estado que reivindican, las mujeres quieren mantener los logros conseguidos en cuanto a participación en la organización de la sociedad y aumentar el peso político que ya tienen en el primer Parlamento Saharaui, en el que cuentan con cinco representantes.

La mujer saharaui no está obligada a llevar velo, ni a demostrar públicamente su virginidad después de la boda e incluso el ser madre soltera no supone impedimento para un matrimo nio posterior. En muchos casos, las mujeres hacen jurar a los novios en los contratos matrimoniales que no tienen una esposa anterior y la renuncia a utilizar la prerrogativa islámica de la poligamia; existen además las fiestas de divorcio, donde las mujeres manifiestan su alegría ante la nueva situación y su estado de libertad.

Durante los años de exilio en los campamentos, la división tradicional del trabajo por sexos, se ha modificado, transformando a los hombres en soldados y a las mujeres como organizadoras de la totalidad de la vida en los campamentos, con la participación masiva de las mujeres. Todas trabajan y su nivel de preparación cultural no es distinto al de los hombres; maestras formadas en Cuba y España, filólogas que han estudiado en Alemania, psicólogas graduadas en Argelia y capacitaciones financiadas por ONGS en informática, administración y enfermería, por citar algunas.

Pero las mujeres saharauis no bajan la guardia y manifiestan su preocupación de que, en una situación donde los hombres no tengan que ocuparse de la guerra, intenten desplazarlas a un segundo plano, por ello reivindican su condición de ciudadanas y no la de miembros de una familia, lo que determinará su acceso a las nuevas estructuras de poder, plasmando en las leyes y en la constitución las prácticas que hasta el momento son consideradas como costumbres.

Las saharauis son luchadoras, desde el trabajo constante de formación, administración y educación, igual que estuvieron en primera línea en la lucha contra el colonialismo, sabrán defender los avances, a través de sus organizaciones, y en esa lucha las sindicalistas occidentales deben prestar su apoyo y solidaridad.