Las mujeres saharauis reivindican el acceso a la estructura política. |
La evolución de las mujeres saharauis parte de una sociedad tradicional en la que habían conseguido ámbitos importantes de autonomía y de reconocimiento, hasta la situación actual en los campamentos de refugiados, donde la asunción de importantes responsabilidades sociales por parte de las mujeres, va acompañada de peso político y reconocimiento público.
En el nuevo Estado que reivindican, las mujeres quieren mantener los logros conseguidos en cuanto a participación en la organización de la sociedad y aumentar el peso político que ya tienen en el primer Parlamento Saharaui, en el que cuentan con cinco representantes.
La mujer saharaui no está obligada a llevar velo, ni a demostrar públicamente su virginidad después de la boda e incluso el ser madre soltera no supone impedimento para un matrimo nio posterior. En muchos casos, las mujeres hacen jurar a los novios en los contratos matrimoniales que no tienen una esposa anterior y la renuncia a utilizar la prerrogativa islámica de la poligamia; existen además las fiestas de divorcio, donde las mujeres manifiestan su alegría ante la nueva situación y su estado de libertad.
Durante los años de exilio en los campamentos, la división tradicional del trabajo por sexos, se ha modificado, transformando a los hombres en soldados y a las mujeres como organizadoras de la totalidad de la vida en los campamentos, con la participación masiva de las mujeres. Todas trabajan y su nivel de preparación cultural no es distinto al de los hombres; maestras formadas en Cuba y España, filólogas que han estudiado en Alemania, psicólogas graduadas en Argelia y capacitaciones financiadas por ONGS en informática, administración y enfermería, por citar algunas.
Pero las mujeres saharauis no bajan la guardia y manifiestan su preocupación de que, en una situación donde los hombres no tengan que ocuparse de la guerra, intenten desplazarlas a un segundo plano, por ello reivindican su condición de ciudadanas y no la de miembros de una familia, lo que determinará su acceso a las nuevas estructuras de poder, plasmando en las leyes y en la constitución las prácticas que hasta el momento son consideradas como costumbres.
Las saharauis son luchadoras, desde el trabajo constante de formación, administración y educación, igual que estuvieron en primera línea en la lucha contra el colonialismo, sabrán defender los avances, a través de sus organizaciones, y en esa lucha las sindicalistas occidentales deben prestar su apoyo y solidaridad.