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Supermujeres... grave para la salud

Son mujeres diez, tienen una familia, un hogar, unos hijos que cuidar, y un puesto de trabajo de alta responsabilidad. Sólo tienen tiempo para los demás. Han llegado donde están gracias a su fuerza de voluntad y a pulso, con el esfuerzo, día a día, pero a veces es demasiado porque la salud pasa factura. La presión de la casa, los hijos, el horario laboral y la continua lucha por competir en puestos de responsabilidad en el trabajo con los hombres causan un estrés que sólo se recompensa con las consecuencias saludables del ascenso.

RAQUEL BASCUÑANA / UNO CONTENIDOS
Mujer trabajando en el sofá con su hijo al ladoSuena el despertador. Las 7:00 de la mañana, hay que hacer la comida para el mediodía porque sólo se dispone entonces de una hora, a las 8:00 a despertar a los niños vestirlos y darles el desayuno. A las 8:45 al colegio, bien deprisa porque su padre se ha dormido y tiene que estar a las 9:00 en el trabajo. Al final, los niños llegan sanos y salvos a sus respectivas aulas, la madre embutida en un traje-chaqueta con falda recta, como marcan las últimas tendencias, se dirige al centro de la ciudad en plena hora punta, coge el metro porque pensar que a las 9:30 estaría en la oficina sería una odisea.

Por fin, llega a la oficina, su secretaria la espera ya con cuatro torres de papeles para firmar. Enchufa el ordenador, el fax empieza a arrojar papeles a mil por hora y el teléfono suena sin cesar. Ya son las 11:00 de la mañana, reunión en la sala de juntas para dar las directrices a seguir por todos los empleados para todo el trimestre. Pero antes una aspirina, justa y necesaria, para ese bochornoso dolor de cabeza.

Son las 14:30, hora de comer, calienta la comida, come rápido para poder hachar, tan solo, un parpadeo de cinco minutos. Ya es tarde, vuelta al trabajo hasta las ocho. ¡Los niños!, hoy los recogía la vecina. A las 20:00 en casa, por fin, pero la cena está sin hacer, los niños sin duchar, yo también tendré que ducharme.

Adrián y Silvia vienen corriendo a mis brazos para que les cuente un cuento, mi marido llama para decir que las cosas se han complicado en el trabajo y vendrá a las diez, hay que tender la ropa poner otra lavadora, recoger los platos y las pelusas vuelan con vida propia por el pasillo. ¡Stop!, el día tan sólo tiene 24 horas, no soy de hierro y aún así este ajetreo oxidaría a cualquiera.

Estrés a diario
Esta situación diaria es tan sólo un ejemplo, pero miles de mujeres han de soportar y compaginar los cargos de responsabilidad con otras tareas que les toca vivir. Lo peor es ascender en la empresa, llegar a tener un cierto renombre en el sector y una buena cartera de clientes. Pero aún así las decisiones fundamentales de una empresa no se toman en las reuniones oficiales, sino en una cancha de squash, en la barra de un pub y en el servicio de caballeros.

Este estrés acumulado nos afecta de un modo abrumador haciendo que muchas mujeres beban y fumen más de la cuenta, lo que produce, en los momentos de máximo estrés, úlceras, subidas de tensión, taquicardias, insomnio e incluso depresiones.

Una mujer ha de trabajar más que sus colegas-hombres y mucho más duro para mantenerse al mismo nivel que ellos. Además, en la mayoría de casos, hace la mayor parte de las tareas domésticas y se enfrenta a otro problema más sutil: el miedo a que su marido se sienta celoso de su éxito profesional.

Importar el estrés masculino
En un principio las conclusiones que se entresacan de la vida de las mujeres ejecutivas y que copan grandes puestos de responsabilidad no son muy alentadoras pero si se investiga más a fondo, la verdad es que existen noticias muy positivas. A medida que las mujeres empiezan a aceptar puestos de responsabilidad y lugares de ejecutivos tradicionales ocupados por los hombres sufren los mismos problemas que ellos, como úlceras y complicaciones cardiacas.

También fuman y toman más tranquilizantes. Médicos, psiquiatras y psicólogos coinciden en que, en los últimos años, cada vez está aumentando más el número de pacientes femeninas con síntomas físicos de estrés directamente relacionados con el trabajo, como insomnio, dolores de cabeza y musculares, fatiga crónica, taquicardia y problemas respiratorios. Y además las mujeres tienen que superar, como si de una carrera de 100 metros lisos se tratara, un ambiente laboral hostil creado por y para los hombres, con reglas sutiles y básicamente machistas.

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