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Fossey y Goodall: vidas dedicadas a los primates

El estudio del comportamiento de los primates tiene en Jane Goodall y en Dian Fossey dos figuras, ya míticas, de la etología. La primera se dedicó al estudio de los chimpancés y la segunda al de los gorilas y, gracias a ellas, hoy nos sentimos un poco más cercanos a estos apacibles seres, tan parecidos a nosotros.

CARMEN ORTIZ / UNO CONTENIDOS
Dian FosseyLas dos consagraron sus vidas a los primates, hasta tal punto que Jane Goodall continúa al frente de las investigaciones que inició hace más de 30 años, mientras que Dian Fossey puede decirse que dio su vida por los gorilas.

Jane Goodall consiguió, tras varios años de perseverancia, ser aceptada por los chimpancés de una selvática región cercana al lago Tanganika como un compañero más. Esta integración en el grupo le permitió estudiar su comportamiento como nadie lo había hecho hasta entonces con primates en libertad. Goodall es, actualmente, una de las máximas autoridades mundiales en el comportamiento de los chimpancés y dirige, en el Parque del río Gombe, las investigaciones que se llevan a cabo sobre esta especie. Es, además, autora de numerosas publicaciones científicas y de divulgación sobre la conducta de los chimpancés.

Por su parte, Dian Fossey se ubicó en una agreste cadena de ocho volcanes situada en la frontera entre Zaire, Ruanda y Uganda para desarrollar sus trabajos: los montes Virunga. En sus cumbres vive, todavía, la única población de gorilas de montaña que queda en África. Fossey llegó a Virunga en el 67 y allí permaneció estudiando y defendiendo a este reducido y solitario grupo de primates. Diane Fossey fue asesinada en 1985, probablemente por los mismos cazadores furtivos a los que se enfrentó en incontables ocasiones.

La pasión que ambas mujeres tuvieron por estos animales les llevó a cambiar sus tranquilas vidas en la ciudad por las cabañas en medio de la selva, la humedad y el frío de las regiones en las que desarrollaron sus investigaciones. Ambas recibieron en sus dominios a diversos estudiantes interesados en la labor que desarrollaban que, en la mayoría de los casos, no duraron mucho tiempo. El tesón y el valor que demostraron tener para continuar sus trabajos en tales condiciones, alejadas de cualquier comodidad, solas, a veces con dificultades económicas y temiendo, incluso, por su vida, es digna de la admiración más profunda.

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