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Elisa Risco: "seguir, luchar, la vida es eso"

Deshagamos un pequeño equívoco. Cuando Flor Cernuda me habló de Elisa Risco, confieso que me atrajo el nombre y el apellido, más los aspectos de su vida que, con interés y entusiasmo, Flor desgranaba acerca de tan interesante mujer. En realidad, dice Flor, no se llama Elisa, tampoco Risco es su apellido. Se llama Consuelo Ruiz Vélez-Frías, y es la autora del primer libro sobre "El parto sin dolor" que se editó en España. A partir de estos datos nos encontramos, Flor y yo, con Elisa en su casa del barrio de Moratalaz.

INDIO JUAN / TRIBUNA DE LA ADMINISTRACIÓN PÚBLICA
La sorpresa fue mayúscula al encontrar a una mujer pequeña de estatura, que apenas podía mantenerse en pie, apoyada en un bastón y en un equilibrio impensable para alguien cuyo estado físico es delicado. Su edad, 86 años; una lucidez asombrosa unida a una memoria de prodigio. Nada más tomar asiento, a una primera pregunta, comenzó a hablar acerca de su juventud y, en ese momento, el asombro y la magia se apoderó de quien esto escribe.

"La verdad es que la única que me llama Elisa Risco, es Flor, y tiene motivos", dice Consuelo. "Cuando yo tenía 17 años, intervine representando a las mujeres jóvenes, en un mitin en el Teatro Europa. Pedíamos el voto para la mujer. Las oradoras principales eran Margarita Nelken, Clara Campoamor y Dolores Ibárruri. Y como yo era menor de edad y mi padre no tenía ninguna simpatía por estas ideas y, además, por miedo a que se presentase en el teatro, planteé a mis compañeras el problema y, como siempre hay soluciones para todo, alguien me bautizó como Elisa Risco".

Antes, a los quince años, Elisa (le seguiré llamando así), se había afiliado a la Juventud Comunista, con motivo del fusilamiento de Fermín Galán y García Hernández, en Jaca. "El general Berenguer fue el asesino, junto a otros", matiza Elisa. "El Rey Alfonso XIII firmó la sentencia", aclara Flor.

Elisa se casa en el año 34 con Luis Zapirain Aguinaga (uno de los fundadores del Partido Comunista de Euskadi), y secretario del "Socorro Rojo de España". En el año 35 tienen una niña, y, en el año 36 comienza la Guerra Civil. A partir de esa fecha empieza la gran aventura de Elisa (al igual que otras muchas mujeres). Milita con todas sus fuerzas en el "Socorro Rojo", atendiendo a los presos y a las víctimas de la guerra, hasta que en el año 38, de común acuerdo con su marido, va a trabajar en el "Socorro Rojo" de Barcelona.

Deja a su niña con un familiar. Se va a Baza (Granada), siempre colaborando con el "Socorro Rojo". La meten en la cárcel, junto a su hermana y otra compañera de su misma edad, después de un encendido discurso en el teatro, por parte de Elisa. La trasladan a Alicante, con su hermana y otra compañera. Van a parar a un campo de concentración (mujeres y niños en un lugar, los hombres en otro campo). La llevan a Madrid para ser juzgada. Al llegar a Alcázar de San Juan puede escapar, siempre junto a su hermana y la otra compañera). Logran coger un tren. No tienen nada para comer. El tren estaba ocupado por soldados italianos, "Los flechas negras". De pronto ven a uno de los soldados que lleva un plato con sobras de comida, para tirar. Se lo piden. Un teniente italiano trata de averiguar el motivo de su situación: "Somos tres chicas que nos encontramos en medio de este asunto sin tener nada que ver con nada...", es su respuesta. El teniente la tranquiliza y manda que cuelguen una manta, a modo de biombo; luego amenaza a los soldados para que no las molesten. A todo esto, en Alcázar de San Juan (como en todas las poblaciones), la persecución a "todo lo que oliera a rojo" se convertía en tragedia.

Elisa y las otras dos chicas llegan a Madrid acompañadas de los italianos. La táctica les dio resultado, pero se dirigen a la casa de una de las tías. Ésta no quiere saber nada con recibirlas y las echa de la casa, eso sí, les da cinco duros. Con ese dinero van a un hostal. Elisa oye el llanto de un niño. Identifica a su hija de más de tres años. "El reencuentro es un milagro o una casualidad", una más de las tantas que tendrá a lo largo de su vida, que, según ella, se compone de casualidades. Una vez más no tiene nada para comer ni darle a la niña. Me recuerda que estamos en el 39. Madrid había caído. Alguien pasa cerca del hostal, era uno de los italianos, de "los flechas negras". Le comenta la situación en que se encuentran y éste les deja un dinero. Con el dinero recibido compra lana y comienza a tejer. "Prenda que terminaba la vendía y volvía a comprar más lana. Así, de esta forma, pudimos mantenernos un tiempo".

Poco después, recibe la noticia de que su marido había muerto, que lo habían fusilado. Ella tenía la esperanza de que no fuera cierto. "Sabía que, tarde o temprano, lo iba a encontrar".

Elisa le promete a Amaya, su hija, encontrar con vida a su padre. Pasan los días, los meses, los años. Su sueño de ser maestra queda en el olvido. La niña coge una enfermedad y, por tal motivo, Elisa, aprende a poner inyecciones para atender, personalmente, a su hija. Se ve obligada a sacar el título de "Practicante", ya que corría el riesgo de ser denunciada por sus "colegas", puesto que ponía inyecciones a los vecinos que se lo solicitaban, pero al no cobrar nada le restaba clientela a los demás.

"Al asistir a un parto y comprobar el dolor de la parturienta, me decido a estudiar el origen del sufrimiento. Me vuelco en cuerpo y alma a encontrar una solución. Hago prácticas de "obstetricia", por libre, hasta que logro rendir el examen en la Facultad. Luego vendrá lo de "matrona", donde me especializo.

"Al principio de la década de los cincuenta dice Elisa, mi necesidad de aprender mucho más sobre el parto me lleva a tomar contacto con el profesor Lamaze, (diputado comunista en Francia), quien había invitado a todos los ginecólogos de Europa, para estudiar el "Método de parto sin dolor", basado en el descubrimiento de los "reflejos condicionados", descubierto por Iván Petrovich Pavlov, (a quien en 1904 le conceden el Premio Nóbel). La maternidad donde atendía el profesor Lamaze era una vieja clínica de accidentes, y pertenecía al Sindicato Metalúrgico, perteneciente a la CGT. Es de imaginarse que cuando la invitación llega a España, el "nacional-sindicalismo" no estaba por la labor de aceptar "tan indigna invitación".

Elisa (aquí sí que ya podemos hablar de Consuelo Ruiz Vélez-Frías) portaba una carta de recomendación para el profesor Lamaze. Una vez admitida, se paga de su bolsillo el curso en París. A pesar de que el profesor trata de persuadirla de la "imposibilidad de aplicar dicho método en España", Elisa comienza la hermosa aventura de poder aportar un beneficio muy importante a la mujer. No obstante los consejos para quedarse en Francia, Elisa/Consuelo, decide regresar.

Una vez de regreso, comienza a trabajar en una clínica, y, logra editar el primer libro sobre "El parto sin dolor", en España. El médico que hace el prólogo, dice entre otras cosas: "Recomiendo a las matronas la lectura detenida de esta obrita y la puesta en práctica, sin críticas, de los consejos y ejercicios que en ella se exponen hasta convencerse de su eficacia...". Una vez en la calle la salida del libro se convierte en un escándalo. El mismo médico que recomendaba "la obrita", se retracta de lo escrito y la emprende contra la autora negándole el derecho a escribir un libro de tales características: "una matrona no está en condiciones de escribir algo tan importante". Los ginecólogos se le echan encima. No se podía aceptar algo que fuera en contra del precepto bíblico: "Parirás con dolor". Era el año 1955. Estábamos en la España franquista ¿lo habíamos olvidado..?

En enero del año 56, se produce un hecho sorprendente: El Papa Pío XII, en una declaración a los ginecólogos de todo el mundo, declara: "El parto sin dolor no está en oposición a la Sagrada Escritura, por tanto, no se prohíbe el método psicoprofiláctico...". El periódico Informaciones reproduce en un recuadro lo siguiente: "En la Maternidad de Santa Cristina se aplica ya el método psicoprofiláctico. Lo introdujo una matrona: Consuelo Ruiz Vélez-Frías". A partir de ese momento, Elisa (Consuelo), conoce el amargo sabor del rechazo oficial: "Me veo obligada a dejar España, y comienza para mí una nueva aventura. Me voy a Colombia, a trabajar como periodista en la Embajada de Italia, y paso un largo año en aquellas tierras. De Colombia me voy a Italia. Trabajo en maternidades durante seis años, previo aprender el italiano que no me costó gran cosa. Regreso, pero siguen los problemas".

Su constancia le lleva a tener noticias de su marido. Su propia hija es la encargada de escribir a su padre quien se encontraba en Praga. A todo esto, su hija ya estaba viviendo en Inglaterra. En la Navidad del año 77, se reencuentra con su marido en la ciudad de Manchester, brindando los tres por el tan esperado momento. Habían transcurrido cuarenta años.

Elisa regresa a Madrid junto a su marido. Mientras él logra trabajar como periodista, ella sigue su especialización como matrona.

No ignoro, querido lector/a, que encerrar toda una vida de más de ochenta y seis años, en un par de páginas, resulta, como poco, doloroso. Cada paso de esta mujer como los de Flor Cernuda, y otras muchas que, todavía, anónimamente deambulan por este tiempo duro e injusto, requiere muchas horas más de escucha, de lectura, de atención. Lo expuesto, comprimido al máximo, merece un tratamiento más detallado. Por lo cual pido indulgencia para quien esto escribe. La riqueza que nos deja Elisa Risco, es para no olvidarlo nunca. Ocho libros sobre "El parto sin dolor", y una cantidad de páginas escritas sobre el mismo tema son "su legado".

Elisa Risco o Consuelo Ruiz Vélez-Frías, no concibe detenerse, para nada. "Siempre hay que estar de pie, siempre despierta, estar activa, seguir, luchar, las vida es eso".
 

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