"Yo no sabía nada de barcos pero me quería embarcar de voluntaria en uno de Greenpeace. Aunque nunca había navegado, tenía tantas ganas de aprender y de ayudar que me daba igual que me pusieran en la cocina, en el puente de mando, en la sala de máquinas..."
Así empezó la historia de la marinera Marta Ibáñez. En los últimos dos años de su vida ha pasado casi más tiempo en mar que en tierra, a pesar de que su primer barco lo pisó hace precisamente ese tiempo, dos años. Como muchas historias, la suya comenzó por casualidad: "yo llevaba ya tiempo siendo voluntaria de Greenpeace y pidieron gente para ayudar en una jornada de puertas abiertas en el barco Esperanza en A Coruña. Era el segundo aniversario de hundimiento del Prestige. Me subí al barco y sólo sé que me encontré muy a gusto y que me empezó a entrar el gusanillo de poder navegar en un barco de Greenpeace".
En aquel momento Marta, filóloga inglesa de profesión, había terminado su contrato en un colegio y estaba pensando en marcharse al extranjero, pero antes de irse mandó un currículo a Greenpeace Internacional pidiéndoles entrar de voluntaria en alguno de los tres barcos de la organización: Rainbow Warrior, Arctic Sunrise o Esperanza. Su oportunidad llegó en poco tiempo, en junio de 2004 se embarcó por fin en Francia. "Nada más subir ya estaba faenando, yo me había llevado un montón de libros pensando en que iba a tener mucho tiempo libre pero al final, como estaba deseando ayudar en todo, casi no paré y me volví con la mitad de libros sin abrir".
Su primera gran navegación fue en el Atlántico Norte. Estuvo embarcada algo más de tres meses en una expedición para denunciar las prácticas destructivas de los buques arrastreros de fondo en las profundidades marinas. En el barco hizo "de todo": avistamiento de buques, investigación de las destrucción en los fondos, acciones contra arrastreros... y, por supuesto, mucho trabajo de marinera. Fue una experiencia muy buena, me sentí muy a gusto, esta vez el equipo de cubierta del barco éramos casi todo chicas, aprendí muchísimo".
Marta ha realizado casi todas las actividades que se pueden hacer como marinera: ha formado parte del equipo de cubierta, ha sido ayudante de cocina, ha hecho guardias en el puente de mando, ha participado en acciones de denuncia, ha conducido zodiacs y ha sido "garbologist", puesto que siempre hay en todos los barcos de Greenpeace, y es la persona encargada de que los residuos se separen clasificados para un buen reciclaje. "Yo tengo claro que esto no son unas vacaciones; como se suele decir, hay que mantener el barco a flote, y para eso es muy importante tanto la labor del capitán como la de los marineros rasos".
Tras el Mar del Norte, Marta ha hecho tres navegaciones más, cada una de tres meses. Ya se plantea ser marinera de Greenpeace como una profesión de cara al futuro. Para ella lo más difícil es que después de pasar tres meses embarcada está otros tres en tierra y aunque tiene muchas ganas de reencontrarse con su vida cotidiana, luego se siente algo "vacía". Acaba de navegar por África Occidental en la campaña contra la pesca pirata que terminó en Las Palmas de Gran Canaria. Ahora está descansando. "A veces cuando miro hacia atrás veo que también hay momentos difíciles como los de las acciones, pero al darme cuenta de que han servido para que todo el mundo se entere de lo que pasa en países que a nadie interesan o cuando dos pescadores de Guinea llegan al barco a darte las gracias, se me olvida lo difícil y entiendo por qué quiero estar aquí".
Navegando desde 1971
Los barcos de Greenpeace comparten muchas de las características de cualquier otro barco, como es una tripulación compuesta por un capitán, tres oficiales, ingenieros de máquinas, electricista, mecánico, marineros, etc. Sin embargo, hay varias cosas que les hacen diferentes. Los tres buques de Greenpeace: Rainbow Warrior, Arctic Sunrise y Esperanza han sido reconvertidos de una manera ecológica para hacerlos menos contaminantes, sus pinturas no contienen sustancias tóxicas y el consumo de agua es el mínimo. Además en cada barco hay un estudiado sistema de separación de residuos para que al llegar a puerto toda la basura pueda ser reciclada. Pero, sobre todo, no hay que olvidar que Greenpeace nació en 1971 como una expedición a bordo del Phyllis Cormack para parar las pruebas nucleares de Amchitka.. Desde entonces los barcos han sido fundamentales en la organización, ya que gran parte de las campañas se hacen en el mar, ya sea, por ejemplo, para defender los océanos, impedir la entrada a puerto de madera ilegal o de transgénicos, parar la salida de un buque de guerra o detener pruebas nucleares.