El revuelo que ha provocado el libro ha sorprendido a su autora que se autodefine como una psiquiatra cuya misión es la de escuchar a sus pacientes desde las nueve de la mañana hasta las nueve de la noche y ayudarles a que salgan de sus depresiones.
Jamás habría pensado esta psicóloga y psicoanalista francesa que su libro iba a provocar semejante debate hasta el punto de que la Asamblea Nacional preparase un proyecto de ley sobre cómo actuar ante el denominado acoso moral. De hecho, otros países como Suecia, Alemania, Estados Unidos o Italia ya lo recogen como un conflicto en las relaciones laborales que más allá de la legislación, se configura como uno de los problemas culturales y educativos del futuro. Y es que todos hemos vivido en alguna ocasión en nuestros trabajos alguna escena en la que un jefe o mando intermedio le ha gritado a algún trabajador aquello de: "No sirves para nada", "burro" o "inútil". Ni que decir tiene que como Hirigoyen explica en su libro "una palabra a tiempo puede matar o humillar sin que uno se manche las manos".
Para esta mujer de 52 años, divorciada y con dos hijos la causa del problema estriba en el tipo de sociedad en la que vivimos. En esta economía de mercado en la que prima por encima de todo la ley del más fuerte, los amos se las arreglan para atribuir a los demás los desastres o errores de gestión que provocan y luego se presentan como los salvadores de las situaciones o, sencillamente, como los más listos e inteligentes. En Suecia -país pionero en el estudio de este fenómeno- se estima que entre el 10% y el 15% de los suicidios tiene como origen el hostigamiento psicológico en el trabajo que siempre aparece dirigido por una o varias personas, casi siempre contra otra que se siente acorralada en una posición débil y a la defensiva.
Tras la publicación de su libro Marie France Hirigoyen dice haberse encontrado con una avalancha de cartas en las que le explicaban historias aún más terribles de las que ella conocía por el ejercicio de su profesión y que le ponían aún más los pelos de punta. El problema existe y el debate, al menos en algunos países, está en la calle. Pero las soluciones son realmente difíciles. Según una encuesta realizada por la Fundación Europea para la Mejora de Vida y de Trabajo realizada en 1997, revela que este tipo de acoso se encuentra actualmente enquistado en sectores como el inmobiliario, el de la banca o incluso el de la Administración del Estado, hasta el punto de que se cifra en 12 millones de personas las que son víctimas de estas prácticas en toda Europa, de las que alrededor de 600.000 son españolas.
Para la psicóloga francesa se trata de restablecer el respeto mutuo entre individuos y de poner límites a nuestra tolerancia. Ciertamente es difícil dejar un trabajo en estos tiempos en los que el corto plazo juega un factor fundamental. Las prisas, las presiones, los resultados inmediatos, las reestructuraciones, las fusiones, la precariedad en el empleo, el paro, son todos factores que inciden directamente en las relaciones laborales, pero el acosado ha de estar preparado para decir ¡Basta!. Entre otras razones porque va a ser difícil que las leyes acaben reglamentando las relaciones personales como de hecho ya sucede en el acoso sexual. Pero para esta mujer de mirada serena y tranquila, corremos el riesgo de banalizar un problema utilizándolo para describir cualquier dificultad, difuminando a las personas que realmente padecen estas agresiones en sus trabajos.
Ahora mismo, nuestra psicoanalista reflexiona sobre el debate que ha provocado en la sociedad francesa, al tiempo que estudia las diversas peticiones que le animan a escribir un nuevo libro y colabora con la comisión parlamentaria francesa que prepara la nueva ley. No sabemos si le quedará tiempo para seguir atendiendo a sus pacientes de nueve de la mañana a nueve de la noche como ella misma manifiesta, pero el esfuerzo habrá valido la pena si sirve para mejorar las relaciones de todos nosotros en nuestro entorno laboral. Al menos, ella ya ha conseguido su objetivo que no es otro que el de poner el dedo en la llaga de unos cuantos acosadores.