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La atención a la dependencia

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La atención a las personas con dependencia es uno de los principales retos del sistema de protección en nuestro país. La necesidad de un sistema público que garantice los recursos necesarios para atender a las personas con discapacidad es cada vez más urgente, en primer lugar porque la mayor esperanza de vida hace que la gente mayor con dependencia sea más numerosa, y en segundo lugar, porque las mujeres, que habían llevado a cabo las tareas de cuidadoras informales, tienen cada vez menos disponibilidad para hacerse cargo de su familia. |
CRISTINA FACIABÉN / REVISTA TREBALLADORA / CCOO
Los ámbitos laboral y reproductivo estaban claramente diferenciados hasta no hace muchos años. Las mujeres se encargaban de las tareas reproductivas en el hogar, mientras que los hombres aportaban el dinero por su trabajo productivo. Este hecho ha dado lugar a diferentes posiciones sociales y de grado de ciudadanía entre hombres y mujeres. La esfera pública, entendida como los ámbitos externos del hogar familiar y que incluye el entorno laboral, permite la participación social, cultural, política y económica del individuo, mientras que la esfera privada, constituida por el entorno familiar, no genera derechos como individuo, no ha tenido ningún tipo de reconocimiento social ni permite la participación pública.
Esta diferencia de reconocimiento social se ve agravada en el momento de hacer uso de los recursos de protección social. Los sistemas de pensiones son el resultado del mercado de trabajo. Un mercado de trabajo como el español -caracterizado, hasta no hace poco, por la baja participación de la mujer en el trabajo regular- da como resultado una cobertura social sólo para los hombres, que son quienes han cotizado al sistema. Por eso, no es extraño que haya pocos hombres beneficiarios de pensiones de viudedad. No sólo la esperanza de vida de las mujeres es superior a la de los hombres, sino que relativamente pocas mujeres han cotizado a la Seguridad Social para dar derecho a sus maridos, si éstos las sobreviven, a una pensión de viudedad.
Existe una feminización de la pobreza, ya que la mayoría de las personas que se puede considerar que viven bajo el límite de la pobreza son mujeres, y generalmente mayores. El hecho de no tener derecho a pensiones contributivas, por no haber cotizado o no haberlo hecho suficientemente, lleva a poder acceder, únicamente, a pensiones asistenciales, que en la mayoría de los casos son de una cuantía insuficiente para sobrevivir dignamente.
Así pues, las mujeres han sufrido una doble discriminación. Por lo que respecta a reconocimiento social y laboral, situación que se ve agravada en el momento de hacerse mayores, ya que no tienen acceso al sistema de protección social en igualdad de condiciones que los hombres, con los problemas de subsistencia que eso implica. Al mismo tiempo, han ido sosteniendo las curaciones informales de las personas mayores sin reconocimiento social, con dobles jornadas laborales fuera y dentro de casa, con un ahorro para el resto de la sociedad y, además, son la mayoría de las personas con dependencia, porque su esperanza de vida es superior a la de los hombres. Ahora es el momento en que es necesario establecer un sistema de atención a la dependencia que garantice el derecho a la asistencia de las personas afectadas y a sus familias, y que permita a las mujeres el acceso en igualdad de condiciones al mercado de trabajo, para eliminar las situaciones de discriminación que hasta ahora han estado sufriendo.
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