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Enfermedades olvidadas, ¿por quién?

Cuando hablamos de enfermedades olvidadas nos referimos a aquellas que tienen una incidencia alta, que se producen mayoritariamente en los países pobres y que, a pesar de que afectan a un elevado número de personas, no se dedica apenas ningún esfuerzo en la búsqueda de soluciones para ellas. A pesar de los avances científicos de los últimos años, el tratamiento para estas enfermedades o no existe o es muy poco eficaz. Olvidar una enfermedad no tendría mayor problema si no fuera porque hablar de enfermedades olvidadas es hablar de personas olvidadas.

EMILIA HERRANZ / MÉDICOS SIN FRONTERAS
Hay un olvido político tanto del Norte como del Sur. Los países del Norte dedican, cuando lo hacen, fondos escasos y claramente insuficientes par ala magnitud del problema, peor quizás lo más grave es el olvido de los políticos de los propios países donde viven estas personas; además de que no dedican fondos suficientes, tampoco dedican esfuerzos para planificar adecuadamente soluciones coherentes y realistas al problema de los afectados que se convierten, dentro de su propio país, en grupos de población olvidados.

Hay también un olvido científico hacia estas personas. No hay apenas investigación y desarrollo (I+D) de nuevos medicamentos y medios diagnósticos para estas enfermedades; los países ricos contemplan con pasividad cómo se utilizan productos con graves efectos secundarios para los pacientes, con altas resistencias y poco o nada efectivos, productos que sería impensable usar para la población de sus propios países. En el Sur, a su vez, tampoco hay investigación aplicada que busque soluciones reales a los problemas de la población afectada. En la mayoría de los casos, no se hace búsqueda activa de la enfermedad y, en ocasiones, aún con el diagnóstico hecho, estas personas no son tratadas ni con los escasos tratamientos disponibles.

Hay un evidente olvido farmacéutico, la I+D de la gran industria farmacéutica está orientada exclusivamente a enfermedades del Norte, buscando las máximas ganancias. Estas enfermedades no son incluidas como indicación en la investigación y desarrollo de medicamentos que podrían servir para ellas. Si el tratamiento existe y es efectivo, los precios no están adecuados a la capacidad adquisitiva y al contexto social de los pacientes. Hay un absoluto desinterés por los problemas del Sur y las personas que viven en ellos, en ocasiones, públicamente reconocido por las farmacéuticas.

El olvido de agencias internacionales hacia estas poblaciones se hace patente en la laxitud con la que hacen frente a los problemas del Sur, en la falta de contundencia a la hora de reclamar más fondos a la comunidad internacional y en la burocracia excesiva que retrasa la aplicación de soluciones reales.

También hay un olvido de la población civil del Norte: no hay suficiente cobertura mediática; hay una insuficiente atención del colectivo científico, ya que no se trata de "sus" pacientes; y las personas de a pie no exigen a sus gobiernos más dinero ni más ayuda para la población de los países del Sur. Por último, no existen asociaciones de pacientes para estas enfermedades olvidadas, son pacientes pobres viviendo en sociedades pobres, donde este tipo de asociaciones ni se promueven ni se potencian, y donde serían difíciles de mantener en el hipotético caso de que llegasen a crearse.