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En busca de nuestros antepasados

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La Sima de los Huesos
Algunos investigadores aseguran que entrar en Atapuerca es como descubrir cada día una tumba de Tutankamón. Y no es para menos. En la Sima de los Huesos, un pozo natural en forma de calcetín que se encuentra en el interior de la cueva mayor de Atapuerca, se han hallado más de 3000 fósiles correspondientes a ancestros de los neandertales que vivieron hace más de 300.000 años. Pero si por algo destaca este yacimiento concretamente, es porque no hay ningún otro en el mundo con pruebas tan antiguas de rituales funerarios.

El equipo que dirige Juan Luis Arsuaga, co-director del yacimiento de Atapuerca, ha encontrado 32 cadáveres enteros que habrían sido enterrados allí por los llamados "Homo heidelbergensis" (descendientes directos del Homo Antecessor), lo que prueba la angustia de esta especie ante la muerte. Este hallazgo pone de manifiesto que ya entonces estos primeros humanos se sentían preocupados porque sus familiares no fueran devorados por los animales, al tiempo que nace lo que sería un embrión de la religión. Si se tomaban la molestia de enterrar a sus semejantes una vez muertos significa que creían en algo parecido al más allá.

Una pelvis llamada Elvis
Los descubrimientos que se están haciendo en la Sima de los Huesos al respecto hacen que sea éste un yacimiento único en el mundo en el que hay trabajo para muchos años. Otro de los descubrimientos sonados ha sido, sin duda, el hallazgo de una pelvis que para los investigadores es un auténtico sueño el haberla encontrado ya que sólo existen cuatro en toda la historia de la paleontología y es mucho más difícil su conservación (son más delicadas) que los cráneos. Su importancia radica en la información que proporciona sobre la locomoción, el parto, el tamaño del cerebro del feto, el sexo de un esqueleto o la edad en que murió.

Precisamente, la pelvis descubierta en Atapuerca es la más completa de las cuatro que se conocen y algunos de los resultados de su estudio ya son conocidos. Como por ejemplo, el hecho de que hace 300.000 años, los Homo heidelbergensis ya practicaban el acto de cohesión tan exclusivo de los seres humanos, como es la cópula cara a cara.

Según los directores del proyecto Atapuerca, Eudald Carbonell y Juan Luis Arsuaga queda investigación para años, para muchos años. Tantos que ellos mismos tienen sus dudas de que puedan ver con sus ojos todos los resultados. Todavía están investigando en lo que ellos llaman el piso 10 (ó TD10) formado por sedimentos de 350.000 años de antigüedad, ricos en todo tipo de fauna, pero saben que el tesoro más valioso les está esperando tan sólo tres metros más abajo (TD6),o lo que es lo mismo, medio millón de años más abajo, donde se hallan los fósiles del Homo antecessor al que esperan llegar de aquí a 6 u 8 años.

El trabajo es duro, pero quién sabe si las respuestas a tantas preguntas se encuentren allí abajo. Quedan fascinantes incógnitas por resolver como por ejemplo, si los humanos somos el último eslabón en la cadena evolutiva o si no lo somos, para cuando está prevista la extinción de nuestra especie. Las respuestas al enigma están en Atapuerca. Seguiremos informando.