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JAUME MONTOLIO / MUJERACTUAL Elaboración de un censo Recientemente se iniciaron los trabajos con la recopilación de datos a lo largo del extenso país. Sólo en Pekín salieron unos 70.000 policías acompañando a los funcionarios del censo para llamar puerta a puerta en los 18 municipios que componen la capital china, y en los que habitan unos 15 millones de personas. Los ciudadanos debían responder a un cuestionario. Los había de dos tipos, el simplificado, con 19 preguntas, y el completo, con 49, que solamente se formulaba a aquella parte de la población de la que se tenían menos datos, aproximadamente el 10%. A pesar de la promesa de la Administración de que las respuestas no se transmitirán a ningún otro departamento gubernamental y de la advertencia de que cualquier respuesta falsa sería objeto de un castigo severo, algunos pequineses se negaron a recibir a los funcionarios, apelando a la intimidad. Y es que no todas las preguntas eran tan inocentes como decir si tenían váter privado o colectivo, además de nombre, dirección o profesión. El nuevo censo pretende clarificar datos sobre las tendencias religiosas, en una sociedad donde continúan rigiéndose por los principios de Confucio, que cumple con los ritos budistas y la abundancia de sectas, con Falun Gong a la cabeza, inquieta al Gobierno. También se pretende clarificar datos sobre las minorías étnicas (el 93% de la población es de etnia "han"), las tendencias de consumo, el grado de educación o las corrientes migratorias del campo hacia la zona costera, donde el país crece hasta cinco veces más rápido que en el interior y se calcula que más de 200 millones de trabajadores se han desplazado del campo a la ciudad. Cuestiones peliagudas
En las áreas más remotas de China, donde las medidas de control son más difíciles, las familias esconden muchas veces a los niños de los funcionarios del censo. La aplicación estricta del Programa de Planificación Familiar comporta el despido del trabajo y sanciones. El director de una fábrica puede dar permiso o no para que una mujer pueda quedar embarazada. En las zonas rurales, donde los hijos son más deseados que las hijas, la política de un solo hijo desató el fenómeno del infanticidio, siempre negado por las autoridades, y aparecieron fetos o cadáveres de bebés hembras en los arrozales y cunetas. Y tampoco es por casualidad que en los orfanatos chinos, que escandalizan al mundo entero y son vivero de adopciones, abunden las niñas por encima de los niños. También es posible que las reticencias al censo sean mayores en algunos de los puntos conflictivos de China, como en el territorio del Tíbet, ocupado desde 1950, o en la región de Xinjiang, al oeste del país, donde la minoría étnica que lo habita es de religión islámica y donde periódicamente aparecen fenómenos de resistencia y se dan atentados de signo separatista.
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