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¿Quién sabe dónde y por qué?

Durante años, el famoso programa de TV presentado por el periodista Paco Lobatón "Quién sabe donde" mantenía de actualidad el problema de las desapariciones de las personas, un fenómeno demasiado frecuente y que en muchas ocasiones queda sin resolver.

RAÚL BORONDO / UNO CONTENIDOS
Es curioso el poder de los medios, sobre todo de la televisión. Parece que un problema no es tal hasta que no aparece en las 625 líneas y la gravedad del mismo se incrementa en función del tratamiento y frecuencia con que este aparece en pantalla. Es lo que ocurrió con las desapariciones de las personas. Durante el tiempo que duró el famoso programa ¿Quién sabe dónde? de Paco Lobatón, el tema estaba en boca de todos, el hallar a las personas desaparecidas aumentaba a un ritmo similar a la aparición de nuevos casos. Se convirtió en una especie de moda que desvirtuaba el verdadero origen del problema.

Con el final del exitoso espacio, se redujeron los comentarios sobre el fenómeno así como sus múltiples debates e incursiones televisivas. También dejaron de darse casos que la publicidad del programa había creado, pero el problema ni mucho menos se ha resuelto. Hoy en día sigue constituyendo un fenómeno tan extraño como inexplicable que en contadas ocasiones aparece en los informativos y mucho más frecuente de lo que pensamos si miramos las estadísticas.

¿Por qué desaparece la gente?
Son muchas las causas, y depende sobre todo del tipo de persona que desaparece. Son muy corrientes los casos de personas ancianas que pierden la noción del tiempo y espacio y se ponen a andar sin rumbo fijo. En estos casos, la culpa es de la familia o en su caso del responsable que se encuentre a su cuidado, demasiado preocupado en sus asuntos e incapaz de ocuparse de un ser querido. Este tipo de situaciones es similar al de personas enfermas, quienes, libres de atención y cuidado huyen a la menor ocasión hasta que alguien se da cuenta de su falta.

En pos de la aventura
Más frecuente es el caso de los jóvenes que escapan en busca de nuevas aventuras, con frecuencia agobiados por el trato que reciben en el hogar y deseosos de vivir experiencias independientes que sirvan para demostrarles a sus padres, pero sobre todo a ellos mismos que ya no son niños. Desafortunadamente en muchas ocasiones la huida acaba en tragedia, pues la mala fortuna provoca que estos jóvenes encuentren en su viaje malas influencias que se aprovechan de su inocencia y debilidad.

Otras veces las desapariciones tienen que ver con el secuestro y el crimen y en ningún modo existe interés aventurero por parte de la víctima. Son los ejemplos más desagradables y que normalmente más cabida encuentran en los medios. Desgraciadamente, en los últimos tiempos nos estamos acostumbrando a oír en las noticias desapariciones de niñas que en la mayoría de los casos aparecen muertas y cuya causa sólo se halla en la degeneración del ser humano.

Existen aun otros casos, que podríamos incluir en el cajón de los inexplicables. Se trata de casos que acaban sin resolver: padres de familia que como el tópico bajan a comprar tabaco y jamás vuelven. No hay crisis matrimonial, no hay nota de despedida, tampoco indicio de crimen o secuestro. Tras pasar el tiempo, incluso los años, las dudas sobre su desaparición siguen siendo las mismas. También ocurre con jóvenes no especialmente inquietos, sin problemas familiares que sin saber por qué un día no vuelven a casa después de salir de marcha. Uno se pregunta, sin embargo, sino es peor la incertidumbre que el conocimiento (aunque trágico) de un fatal desenlace.

Muchas veces, los padres de los desaparecidos, ante la tristeza de su pérdida basan su vida en la búsqueda de la persona, y en los casos en los que ésta ha sido encontrada sin vida, el objetivo es tratar de encontrar al culpable para hallar justicia. Son personas que sólo mantienen su chispa de esperanza en la empresa que inician, pero saben en el fondo que una vez que la búsqueda termine (del desaparecido si está muerto, o del culpable de la víctima para que sea puesto a disposición judicial) no se sentirán mejor. Casos como los familiares de las niñas de Alcasser, tres niñas asesinadas en un pueblo del Levante español, son una buena muestra de ello.

Soluciones
La sociedad suele crear mecanismos contra estas situaciones, pero en su mayoría resultan insuficientes. La publicación en prensa de los desaparecidos, la puesta en alerta a la población mediante carteles, la presencia de familiares en programas de máxima audiencia o la creación de espacios como el mencionado u otros que siguieron la estela de su éxito no pueden frenar una situación demasiado preocupante para tomarla a la ligera y que desborda a la policía en muchas ocasiones por lo inexplicable de la desaparición.
 

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