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Inmigración: necesidad laboral frente a rechazo social

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La fijación del contingente, o número máximo de trabajadores extranjeros autorizados para trabajar en España, fue establecida por primera vez en el Acuerdo del Consejo de Ministros de mayo de 1993. Tenía como finalidad alcanzar los objetivos esenciales de atender de forma rápida y eficaz las ofertas de empleo que no pudiesen ser cubiertas por trabajadores españoles o extranjeros residentes en España. También se trataba de evitar el "efecto llamada" que las oportunidades de empleo provocan entre los inmigrantes, respondiendo varios demandantes a cada oferta. Y en el mismo sentido, de garantizar una vía segura a los inmigrantes, como alternativa a la actuación de redes para el transporte clandestino de los inmigrantes.

La concepción económica de la inmigración no es exclusiva de España, de tal forma que puede verse reflejada en el pensamiento de los responsables políticos del momento. La inmigración ilegal no es desaprovechada, ya que si los gobiernos se atuvieran a la aplicación estricta de los reglamentos y acuerdos internacionales, algunos sectores como el agrícola y el de la construcción se habrían resentido.

El lado positivo
La parte positiva de la creciente, y actual ola de inmigración es que la mayor presencia de ciudadanos extranjeros puede imprimir agilidad a la economía española. Al tratarse de personas sin estabilidad económica, con disposición para cambiar de ocupación, o de región, son un capital humano importante.

Los problemas ocasionados por el creciente número de inmigrantes que cada día llegan a nuestro país en busca de un futuro mejor, han levantado voces críticas que les culpabilizan del paro existente.

La inmigración ha estado considerada como un fenómeno transitorio al servicio de la economía, pero ahora se ha convertido en un fenómeno permanente. Las características de la inmigración establecida en la Unión Europea lo confirman. El número de extranjeros ha aumentado en varios millones a pesar incluso de la política restrictiva y del control de la inmigración. El arraigo de la población inmigrante en las ciudades españolas es cada vez mayor, y esto es puesto de relieve por indicadores tales como la agrupación familiar, el número de nacimientos entre la población inmigrante o los matrimonios con españoles.

La mayoría de los ciudadanos extranjeros tienen la esperanza de retornar a sus distintos países de origen, pero acaban por instalarse definitivamente en el país receptor. Como indican la mayoría de las cifras que se barajan en países con larga tradición receptora como Francia, Holanda o Inglaterra. A largo plazo, y con medidas igualitarias encaminadas a facilitar la integración de ciudadanos de diferente nacionalidad, cualquier país desarrollado debería poder asimilar el flujo migratorio y normalizar la situación.

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