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La publicidad subliminal. ¿Quién nos está controlando?

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La pregunta que nos formulamos es qué sucedería si intercaláramos un fotograma distinto, a los veinticuatro que forman un segundo de proyección. Aunque difícilmente captaríamos el contenido de la imagen, si notaríamos algo extraño en la pantalla, que ensuciaría el discurrir normal de la proyección. Sin embargo, utilizando un aparato que pueda pasar esa imagen a mucha más velocidad, por ejemplo a 1/150 de segundo, a 1/3000 de segundo, ningún espectador sería capaz e notar nada extraño en la proyección. El aparato en cuestión es el taquistoscopio, que se emplea habitualmente en los laboratorios de sicología experimental.

Por lo tanto, es posible proyectar imágenes invisibles para el ojo humano. El siguiente paso es analizar si esos mensajes son captados por nuestro cerebro, que a nivel inconsciente está demostrado puede recibir y almacenar imágenes a mucha más velocidad.

Los estudiosos del tema coinciden en señalar al doctor O. Poetzle, un psiquiatra discípulo de Sigmund Freud, como el inspirador de los experimentos subliminales. A grandes rasgos Poetzle afirma que de las 100.000 fijaciones que hacen los ojos del hombre a lo largo del día, sólo una pequeña cantidad de la información recibida es captada conscientemente. La inmensa mayoría es percibida inconscientemente. En su "teoría de la exclusión" el psicólogo afirma que los sueños están compuestos por este material recibido subconscientemente.

En muchos casos los detalles excluidos de nuestra percepción consciente son aquellos que nos podrían provocar angustia o temor y que, según Poetzle, si los liberamos por la noche, eliminaremos gran parte de su carga negativa al convertirnos en "casa soñada"...

Es evidente el mecanismo que se pretende desencadenar con los mensajes subliminales. Tras burlar el filtro inicial de los sentidos, se trataría de llegar directamente al subconsciente y allí provocar el deseo de compra de nuestro producto, la diferenciación de nuestra marca. De esta forma podríamos manipular la voluntad de los seres humanos, obligándolos a obedecer nuestras órdenes.

La publicidad implícita
La estrategia de la publicidad subliminal no debe confundirse con otras técnicas publicitarias, más suaves pues operan a un nivel consciente, pero con el mismo objetivo de llegar sin llamar la atención, de provocar la venta sin decirlo abiertamente. Es el caso de la llamada publicidad implícita, cuyo ejemplo más reciente y polémico lo encontramos en aquellas series de televisión en las que los personajes consumen productos reales con marcas conocidas. Si Emilio Aragón come Pan Bimbo o Lina Morgan bebe Pepsi en sus respectivas tele comedias, el mensaje indirecto que se le envía al público no es subliminal porque el estímulo actúa en un nivel consciente, pero es implícito pues el espacio donde se inserta ese mensaje no es comercial.

Las consecuencias de la publicidad subliminal, caso de que su eficacia sea real, algo que aún está por comprobar pueden ser terribles pues supone que quien dirige los medios controla a los consumidores y les obliga a actuar según sus intereses. Es lo que nos faltaba en una sociedad profundamente gregaria que se mueve hacia dónde guía la masa. Pero ya se sabe, donde hay una masa siempre suele haber alguien detrás que la guía. Mejor no pensarlo...