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MANU MARTÍN / UNO CONTENIDOS Cuando nos referimos a las sectas o grupos totalitarios, es importante remarcar que no todas son iguales. A la hora de clasificarlas, la mayoría de los sociólogos de la religión las definen según su origen o dogma: milenaristas, sanadoras, movimientos del despertar, orientales, africanistas o científicas. Pero también es posible estudiarlas a partir de su relación con el mundo (conversionistas, revolucionarias, reformistas, utópicas, manipuladoras o taumatúrgicas), desde su origen geográfico o desde las doctrinas que profesan. Estas definiciones, correctas en su totalidad, no ayudan a comprender la peligrosidad de ciertos grupos sectarios y su conflictividad con la sociedad. Es por ello que en los últimos años se las agrupa según la estructura, los métodos de captación y el control psicosocial que utilicen. Así podemos hablar de sectas destructivas, peligrosas o grupos de riesgo. Las sectas destructivas forman grupos totalitariamente estructurados y fuertemente organizados que propugnan un nuevo sistema de vida y que obligan a sus adeptos a una sumisión total. Utilizan técnicas de reforma del pensamiento y habitualmente viven en comunidades en las que el líder posee el poder absoluto. Tratan de captar adolescentes de clase media y media alta. Las sectas peligrosas son grupos que no utilizan técnicas de reforma de pensamiento. Una manera rápida de reconocerlas es analizando sus actitudes: rigidez en el credo, no-cooperación con otras iglesias, autoconvencimiento de que fuera de su credo no hay posibilidades de 'salvación', y énfasis marcado en detalles insignificantes como segundo bautismo, prohibición de fumar, de ingerir bebidas alcohólicas o bailar. Trabajan principalmente en los barrios humildes. Finalmente nos encontramos con los grupos de riesgo. Un fenómeno que bordea lo sectario y que en los últimos años ha crecido enormemente instalándose sobre todo en la clase media. Se trata de infinidad de grupos aglutinados en torno a un tema en especial (bioenergética, yoga, biodanza, ufología, terapias para liberar angustias, control mental, armonización de los centros energéticos, etc.). Estos grupos, que no están sólidamente organizados entre sí, pueden proponer, a partir de una metodología precisa, desde dejar de fumar hasta la salvación eterna. Lamentablemente muchos de sus líderes, algunos profesionales de la salud, forman organizaciones que terminan convirtiendo a sus pacientes en verdaderos esclavos, adquiriendo el grupo las características de una secta destructiva. Líderes e iluminados
Otra característica de la fe fanática es la intolerancia. Además, el fanático es un hombre profundamente frustrado: necesita creer porque le resulta insoportable su caos interior; siente seguridad y certidumbre en su idea. Sintiéndose el fanático decepcionado respecto a sus propias capacidades, opta como solución por cambiar de identidad, por renunciar a sus atributos individuales identificándose totalmente con un ideal. En definitiva, el fanático odia la realidad porque puede contradecirlo y por ello esta dispuesto a morir y matar por su ideal. (página 1/2) sigue en ...
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