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(página 2/2) ... viene de Todas las sectas, especialmente las destructivas, tienen un líder, lo que los psicólogos llaman un "paranoico expansivo" que se convierte en dueño en cuerpo y alma del adepto. Pepe Rodríguez, especialista en este tipo de fenómenos, afirma que el líder, en general, resulta una figura marcadamente inhibitoria y su carácter es de tipo autoritario. Tiene la particularidad de estar sometido a tendencias impulsivas sadomasoquistas que utiliza para evadirse de la angustiosa sensación de aislamiento, insignificancia e impotencia que lo atenaza. Por otra parte, su lado masoquista aporta una cuota de seguridad por el mecanismo de disolución del yo: al disolver la propia personalidad en el ámbito de una entidad muy superior (Dios, conciencia, etc.), cree ser participe de su gloria y fortaleza; se transforma en parte de un poder inamovible y fascinador. Otra característica de los lideres sectarios es que tienen una personalidad paranoide unida a un marcado 'narcisismo maligno'. Poseen un sentimiento extremo de ampulosidad, crueldad sádica, sospechas paranoicas y una carencia total de sentido de culpabilidad, de manera que disfrutan al herir a los demás. ¿Por qué se ingresa a una secta?
Psicológicamente dichas personas se caracterizan por su inadaptación e insatisfacción social; su religiosidad, trascendencia y atracción por lo sobrenatural; sus carencias afectivas, soledad y elevada emocionalidad; su baja autoestima, depresión, insatisfacción y sentimiento de infelicidad; su idealismo, búsqueda de absolutos y de soluciones revolucionarias; su independencia y bajo deseo de afiliación y compromiso; o por su desorientación, aburrimiento, falta de dinero, desocupados, desengaños amorosos, fracaso escolar, malas relaciones familiares y consumo de drogas. Métodos de captación a evitar
Así, los miembros de las sectas frecuentan las estaciones ferroviarias y paradas de autobuses, aeropuertos, bibliotecas, lugares de reunión en las universidades, manifestaciones, así como también hospitales, prisiones, bares y otros ambientes que mueven al individuo a sentir y manifestar un exacerbado egoísmo. Una vez que se ha identificado al posible aspirante, el miembro de la secta emplea una táctica estudiada para atraer su atención. Durante estos contactos iniciales y en las primeras reuniones dentro del ámbito de la secta, los reclutadores hacen lo posible para que la comunidad religiosa le resulte sumamente atractiva al recién llegado. El novato, por lo general, se siente emocionado y feliz, por ello consiente gustoso en conocer más detalles en el grupo, volver para recibir un programa especial, comprometerse a asistir a un curso más prolongado, etc. Es importante señalar que los encargados del proselitismo utilizan en sus diálogos con el iniciado los datos que éste les ha dado anteriormente sobre sus ilusiones, temores y remordimientos, con el propósito de hacerles ver que solo la secta le ofrece la oportunidad de superar estos problemas, de desterrarlos definitivamente. La conversión es, pues, un proceso personalizado, preparado por la secta en involuntaria connivencia con el desprevenido aspirante. La conversión puede comenzar formalmente una vez que la mente del aspirante ha adquirido un carácter receptivo. Valiéndose de clases interminables, implantadas para mantener y fortalecer la receptividad del iniciado, los proselitistas intentan llevar a cabo una profunda transformación ideológica. Al inducir al iniciado a participar activa e intensamente en las ceremonias y acatar la rigurosa disciplina de la secta, le llevan a adoptar total e incuestionablemente la visión del mundo exterior que tiene la secta. El iniciado hace suyo el estilo de vida de la secta con el tiempo y la visión del mundo que tenía antes de ingresar en ella pasa a ser un recuerdo lejano. Mientras prosigue el adoctrinamiento, los líderes no pierden ocasión de conjurar el espectro de castigos sobrenaturales que penan la desobediencia. La redención y la salvación les está reservada a los creyentes y practicantes convencidos, mientras que a los herejes les aguarda la condenación eterna y el sufrimiento. Poco a poco el novato se ha ido convirtiendo en otro hombre distinto del que anteriormente era.
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