Cerca de siete millones de mujeres españolas en edad de trabajar, permanecen formalmente "inactivas"», aunque realicen a diario un incalculado volumen de trabajo indispensable para la supervivencia de las personas y de la sociedad, cifra que sitúa la tasa de ocupación femenina en España en tan sólo el 37,3%, (Eurostat) muy lejos de la de los hombres españoles y de los acuerdos adoptados en la Cumbre europea de Lisboa del pasado año, en el que se concretó el objetivo de alcanzar el 60% en la tasa de ocupación femenina para el 2010.
El fuerte crecimiento económico y del empleo en estos últimos años, no ha tenido una repercusión equilibrada sobre más de la mitad de la población, y así nos encontramos con una clara feminización de la inestabilidad laboral, del desempleo, y de la exclusión social. Las medidas encaminadas a reducir el desempleo y la precariedad en la contratación, han carecido de la suficiente equidad y eficiencia entre las mujeres. La protección social sigue manteniendo importantes déficits (nivel de cobertura de desempleo, cuantía de las prestaciones mínimas, infraestructuras y servicios sociales de atención a la infancia y a la dependencia) que repercuten principalmente sobre las mujeres.
La precariedad que sufren las mujeres se manifiesta también en los salarios, situándose la ganancia media por hora trabajada de las mujeres en 1999 en tan sólo el 78% de la de los hombres, diferencial que en parte es atribuible a la posición que ocupan las mujeres en el mercado laboral y en parte a la infravaloración de las funciones y tareas que desempeñan. Y esta diferencia retributiva media se incrementa en muchas Comunidades Autónomas, situándose en tres de ellas en menos del 70%.
La eliminación de esta situación discriminatoria reclama una actuación decidida para acabar con la segregación ocupacional en el empleo, que sigue excluyendo a las mujeres de acceder a sectores y ocupaciones con mejor nivel retributivo, y para garantizar sistemas y prácticas de clasificación y retribución que eliminen y no reproduzcan las discriminaciones en función del sexo. En este sentido, la Confederación Europea de Sindicatos, ha incluido en los criterios para la negociación de las retribuciones en todos los países de su ámbito de actuación, la recomendación de actuar con medidas concretas para la erradicación de las diferencias retributivas discriminatorias.
También debemos recordar que el acoso sexual en el trabajo es un acto discriminatorio laboral que han sufrido más del 18% de las mujeres españolas. Es preciso reforzar nuestra actuación contra el acoso sexual, desde la acción sindical para prevenir, denunciar y sancionar los comportamientos discriminatorios.