La única manera de ser competitiva, no sólo en la vida profesional sino también en la vida personal, es derribar todas las barreras que nos autoimponemos. |
La única manera de ser competitiva, no sólo en la vida profesional sino también en la vida personal, es derribar todas las barreras que nos autoimponenos y que impiden el desarrollo de nuestra creatividad.
La educación recibida por muchas generaciones de mujeres se ha centrado en enseñar a encontrar la respuesta correcta, por lo que existe poca práctica y entrenamiento en generar una cantidad significativa de posibles respuestas que nos pueden llevar a ideas creativas. Afortunadamente, la mujer posee la cualidad de no tener una fe desmesurada en la lógica, que aplicada con excesiva antelación en el proceso de generación de ideas acaba por cerrar los caminos a los pensamientos que pueden producir ideas inusuales y diferentes a las del resto.
Las reglas son importantes pero ocasionalmente necesitan ser dejadas de lado para encontrar nuevas vías de expresión, nuevos caminos, que permitan solucionar viejos problemas. La capacidad de improvisación es una cualidad muy apreciada cuando se quiere triunfar, así como también lo es la rapidez. De ella y de olvidar, aunque sólo sea por unos instantes el sentido práctico de la vida, nacen ideas que aunque no parezcan viables en un principio, pueden llegar a transformarse en resultados y ganancias si no son eliminadas demasiado pronto.
Para ser competitivo es necesario apartar de la cabeza el miedo a cometer errores. Destacar requiere dar un salto, asumir riesgos que puede que nos lleven al fracaso. En cualquier caso, cualquier equivocación debe ser considerada como un paso, como una manera de superarse. No hay que olvidar que la presunción de conocimiento también aparece ligada al concepto del riesgo desde el momento en el que se convierte en un muro que cierra al individuo ante cualquier nueva aportación.